Tres jefes de área del Hospital Privado de la Comunidad (HPC) contaron el estado actual de los programas de trasplante, los desafíos que persisten y los objetivos para este año.
En Argentina, más de 7.500 personas esperan hoy un trasplante. Son pacientes que, en muchos casos, tienen una espera que oscila entre los seis y ocho años. La escasez de donantes es la causa principal de esa demora y el tiempo, en este contexto, significa vivir bien o morir esperando. El 30 de mayo existe justamente para recordarlo.
Especialistas del Hospital Privado de la Comunidad (HPC) de Mar del Plata, con más de 40 años de historia en trasplante renal y múltiples programas de trasplante activos, analizaron lo que falta y lo que se viene.
Lo hicieron Rodrigo Prado, jefe del Servicio de Nefrología; Fernanda Bersano, subjefa del equipo de Trasplante Hepático; y Daniel Absi, jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular.
Los tres médicos coincidieron en un mismo punto. “Sin donantes no hay trasplantes. Vale la pena ser donante, porque lo mismo que das es lo que podés recibir. Nuestros órganos después de la muerte no nos sirven, pero si le sirven a alguien”.
En abril de este año el hospital realizó la primera Jornada de Trasplante Cardíaco, en el marco de la acreditación oficial del programa por parte del Incucai y Cucaiba, y Absi anunció que el programa ya está habilitado y que espera poder realizar el primer trasplante antes de fin de año.
El alcance del programa no se limita a Mar del Plata: es el único programa de trasplante cardíaco habilitado en toda la provincia de Buenos Aires fuera del AMBA, con un área de influencia que supera los tres millones de personas.
“La principal causa de muerte en el mundo son las causas cardiovasculares. Poder devolver esto a la sociedad es un compromiso no sólo médico, sino social”, afirmó Absi.
Dr. Daniel Absi, jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular.
En Mar del Plata hay entre 50 y 60 personas que esperan un hígado. La diferencia crítica respecto al trasplante renal es que no existe una “máquina” que reemplace la función hepática mientras se espera. “La mayoría se descompensa en lista. Algunos lamentablemente fallecen antes de que llegue el órgano”, explicó Bersano.
El exceso de bebidas alcohólicas es el principal culpable. “Años anteriores eran las hepatitis virales B y C, pero hoy hay medicación que logra controlar esas patologías antes de que progresen a cirrosis. Actualmente, en nuestro país la primera causa es el alcohol”, explicó. Y agregó: “Hemos logrado aumentar la cantidad de donantes y por ende trasplantes, pero todavía estamos muy lejos de ser como en los países de primer mundo que directamente no tienen lista de espera”.
Dra. Fernanda Bersano subjefa del equipo de Trasplante Hepático.
En la Argentina hay más de 30.000 pacientes en diálisis, de los cuales 5.341 están en lista de espera para un riñón. En Mar de Plata y alrededores hay 140 pacientes en lista. Son en su mayoría, personas que conviven con la diálisis como único sostén de vida.
“La diálisis hace un trabajo eficaz sustituyendo la función renal, pero no tiene la misma calidad que un órgano“, explicó Prado. “El paciente tiene un envejecimiento mayor y depende de ir tres veces por semana a la institución. El trasplante renal es el tratamiento de elección para la enfermedad renal crónica”, contó.
La vida después del trasplante, describió, es radicalmente distinta. “Muchos pacientes pierden la capacidad de orinar durante la diálisis y volver a tener esa capacidad después del trasplante es algo muy grato. Se reactiva la vida social, la laboral, la familiar. Pacientes que habían dejado el deporte vuelven a practicarlo. El cambio es total”, sostuvo Prado.
Una de las alternativas para acortar esa espera es la donación en vida. El HPC fue pionero en Argentina en realizarla por vía laparoscópica desde 1985, y Prado subrayó que los riesgos para el donante son mínimos.
“La estadía hospitalaria es corta, la recuperación es muy buena y está estadísticamente comprobado que los donantes tienen la misma sobrevida global que quienes no donan. Vivir con un solo riñón, si uno se cuida, no genera ningún problema”.
Dr. Rodrigo Prado, jefe del Servicio de Nefrología.
Cada vez más conciencia
En 2018, cuando se sancionó la Ley Justina, se tuvo la tasa máxima de donación hasta el momento, cuando alcanzó el 19.6 por millón de habitantes. Este último año se llegó a 20.5 donantes por millón. En Mar del Plata, los pacientes en lista también se vieron beneficiados, pero a pesar de eso los tiempos de espera siguen siendo extensos.
La ley Justina establece que todos los mayores de 18 años son presuntos donadores, salvo que expresen lo contrario. La excepción son los menores de edad. En estos casos los padres o mayores a cargo deben tomar la difícil decisión en un contexto de extrema tristeza.
“Son papás que están perdiendo un hijo. Es algo completamente antinatural”, reconoció Absi. El acompañamiento psicológico en estos casos es crucial y hay un dato que, en medio del dolor, puede ayudar a tomar la decisión: los órganos de un menor van a otros pacientes menores de edad. “Es difícil de aceptar, pero ayudar a otra persona pediátrica reconforta”.
El HPC no es solo un centro de trasplante. Desde 2011 es también hospital donante, lo que significa que tiene equipos propios entrenados por Cucaiba para todo el proceso de procuración: el diagnóstico, el mantenimiento del donante, el acompañamiento psicológico y social a la familia y la coordinación con el Incucai. Solo en lo que va de 2026, el HPC generó cuatro operativos de ablación, dos de ellos multiorgánicos.
El proceso de donación, explicaron los tres médicos, involucra a más de 50 profesionales por operativo: cirujanos, anestesistas, terapistas, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales, personal administrativo y de logística. Es un sistema redundante y transparente, diseñado precisamente para desmentir los mitos históricos.